Pedro García Otero / 10 dic 2018.- Últimas Noticias, buque insignia de eso que llaman “hegemonía comunicacional”, cuyo remate comenzó a ocurrir desde 2013, tenía como principal titular de esta mañana de lunes 10 de enero “PSUV arrasó en el elecciones de concejales”.
Destacaba que 91% de los cargos adjudicados fue al partido de Gobierno, independientemente de que en Venezuela, todas las encuestas lo dicen, 80% detesta al Gobierno, y que el único político peor valorado en este país que Nicolás Maduro es Diosdado Cabello.91% de votos para un partido en unas elecciones son la mejor muestra de que el proceso no fue democrático.
91% de los votos eran los que sacaba Erich Honeker en Alemania Oriental, o los saca Butteflika en Argelia, quien, por cierto, ni siquiera aparece porque se la pasa enfermo. O los sacaba Muammar Gaddaffi en Libia o ambos Al Assad, el padre y el hijo, en Siria, y ya sabemos cómo terminó eso. Con los “amados líderes” hundidos en sangrientas guerras civiles –junto con sus pueblos.
En resumidas cuentas, en una democracia nadie obtiene 91% de los votos, porque hay las suficientes opciones para que eso no sea así. Una ventaja holgadísima en democracia es un 60-40. Pero aún hay sistemas no bipartidistas donde 30% de los sufragios son una mayoría fuerte. Eso es de lo que se trata una democracia.
Si este primer mensaje sobre el proceso (que no puede llamarse elección) del domingo intentó ser, “miren qué democrática es Venezuela”, como dijeron en su ya aprendido ritornello de declaraciones dominicales en fila, de los representantes de todos los “poderes” públicos del país, comenzando por Tarek y terminando por Padrino, el intento fracasó de medio a medio.
En su intento por construir una realidad 2.0, ayer VTV (y los restantes canales de la hegemonía) tenían un operativo que no lograba ocultar la ausencia de los invitados a la “fiesta democrática”, como se atrevió a llamarla, por ejemplo, el ministro de la Defensa. Pero ya no importa la realidad, importa lo que ellos digan.
Y eso me lleva a un segundo mensaje. Si el PSUV “arrasó” en las elecciones de concejales, ¿cómo es que ese arrase se produce con 27% de participación, y estamos hablando de la cifra más optimista, la del CNE? ¿Cómo la mayor parte de ese 27% tuvo que ser arrastrado a votar con una amenaza tan vil, tan rastrera como la de quitarle la comida o los bonos? ¿Es eso lo que queda del chavismo, cuando, duélale a uno o no, fue un movimiento de multitudes? ¿Es eso lo que los chavistas de base quieren de sus dirigentes?
El 16 de agosto de 2017, cuando el entusiasmo opositor plenaba las calles en una de las jornadas, esto sí, más democráticas que se recuerden, Nicolás Maduro calificaba el referendo popular de “evento interno de la oposición”. ¿Qué es un evento en el que el Estado-Partido se lleva 91% de los votos, en el que el partido controla la asistencia en los centros de votación e incluso en las mesas?
Obviamente, nada de esto puede ser considerado democrático. Y la comunidad internacional está clara. Un día después, tanto Estados Unidos como la Unión Europea (y seguramente lo seguirá el Grupo de Lima) explicaron que no se creen nada, y que el país sigue siendo tan dictatorial como el sábado, esto, a pesar del otro mensaje que nos quiso colar el Gobierno ayer: “ya todas las autoridades están legitimadas y vienen dos años sin elecciones”.
Esto lo dijo Cabello, y él no da puntada sin dedal. Si lo dejan, la Asamblea Nacional Constituyente se deja hasta después de las próximas elecciones de la Asamblea Nacional, cuando participarán solo el PSUV y sus aliados. El número de partidos nacionales ha bajado de 62 a 15. Es decir, si un Gobierno odia los mercados de todo tipo, ¿por qué va a permitir uno de ofertas electorales?
Los cohabitantes
Ante esa ilegalización de todos los partidos que le hacían cara al régimen, ha surgido un grupo de políticos, casi todos ellos semirretirados, a tratar de hacerse con la franquicia de la oposición. Este grupo, aunque no se le crea a María Corina Machado, sí tiene algunas anclas en la oposición formal, la representada por lo que hasta no hace mucho era la Mesa de la Unidad Democrática.
Y ahí sí hay gente lucrándose. Los que quieren cohabitar son un grupo bastante definido. En enero se va a producir un duro deslinde, pero eso es tema de otro artículo para esta semana. No aspiran a gobernar. Son la oposición leal y pretenden seguir siéndolo. Negociando con el Gobierno a cambio de algunas migajas para que este conserve cierta legitimidad. Esa debe ser la “oposición” con la que Putin considera que Maduro no termina de ponerse de acuerdo.
Ayer se la pasaron todo el día echándole la culpa a la gente por la abstención: como si no hubiéramos escuchado a Maduro en 2016 diciendo que “no habrá elecciones hasta que el PSUV pueda ganarlas”; como si ese mismo año no hubieran suspendido el referendo revocatorio con unos métodos que solo pueden calificarse de mafiosos; como si en 2017 no hubieran hecho todas las maniobras en las elecciones de gobernadores, y además obligaran a prosternarse a los candidatos opositores ganadores ante la ANC; como si no hubieran despojado a Andrés Velásquez de su cargo, e incluso, vía TSJ, a Marlon Díaz de la FCU de la Universidad de Carabobo hace menos de dos semanas.
Todas esas externalidades, según estos voluntariosos, son porque no votamos los suficientes, porque no nos organizamos los suficientes. Estas voces, afortunadamente, no cuentan con el apoyo popular. La mayoría de la gente está, por supuesto, ganada a no convalidar una farsa.
Y cualquier análisis (es recurrente) que se haga sin pensar en lo ocurrido entre 2015 2018 en este país como foco principalísimo, es deshonesto intelectualmente. Además, cuando uno ve los representantes de esta “oposición”, cuáles son sus polos de difusión y cuáles son sus relaciones con la boliburguesía, sencillamente, solo puede decir “gracias, pero no, gracias”.
Los Vick Vaporub
Hay otro grupo que, por el contrario, ha hecho apología de la abstención. Son la fracción “vick vaporub”, esos que pasan su rabieta en la casa, con ungüento para respirar mejor, pero eso sí, en la intimidad. Y a eso lo llaman “fuerza” o “rebelión”; y lo que es más, se lo arrogan.
El que un país hastiado, en fuga, horrorizado, se aleje de las mesas electorales, lo asumen como un mérito propio. Y como algo que puede construir algo más, cuando la realidad es que este país dio su esfuerzo final en 2017. Creen que eso puede ser reactivado con más fuerza, y no entienden que este país se desangra, se desinfla todos los días, por Maiquetía, por Cúcuta y por Santa Elena.
Además de ello, está la oposición del Frente Amplio. Desorientada, con todo su liderazgo preso, inhabilitado o en el exilio, y sin haber reivindicado jamás la idea de que esto, esta crisis, se desató con las elecciones parlamentarias de 2015; sin haber dicho jamás a la jauría de las redes sociales y de los bots que ha pagado un alto costo por mantener sus principios; que, con todos sus errores, es la única oposición reconocida hoy por hoy internacionalmente, y que desde el 10E puede jugar un rol estelar cuando esa comunidad internacional no reconozca el nuevo Gobierno de Maduro.
Víctima, en fin, de sus asesinos, del Gobierno, para quien en política todo vale, ahora que está a un tris de perder el poder (está a un tris pero no termina de perderlo), pero también de quienes, desde sus dos extremos, han tratado de colársele entre los palos.
¿Cómo termina esto? En más caos, en más sufrimiento.
Decía Michael Penfold hoy que Maduro no tiene ninguna necesidad de negociar a lo interno, pero tiene la responsabilidad. Y eso es lo que esa comunidad internacional hoy está exigiendo. Presionará mucho más a Maduro pero para que regrese a la mesa de negociaciones.
Y cuando llegue ese momento, más vale que la oposición que la comunidad internacional reconoce tenga algo que presentar ante la mesa, y que esté de acuerdo en unos términos mínimos.
Fuente: http://www.noticierodigital.com/2018/12/analisis-nd-9d-lecciones-gobierno-las-oposiciones/